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Propuestas

Desde abajo, por la izquierda, con la Pacha Mama

montecristi propuesta gobierno

Montecristi Vive realizó la presentación oficial de la Propuesta de Gobierno, el día jueves 25 de febrero, a las 16h00, en Riobamba, Salón Principal Hotel El Molino (Calle Duchicela y Unidad Nacional).

LA DEMOCRACIA Y LA LIBERTAD SON EL CAMINO

Iniciativa para la construcción de un Programa de Gobierno desde los sectores populares y democráticos del país.

Ecuador, febrero de 2016

Documento en construcción. Se agradecen comentarios y críticas.

PREÁMBULO

La sociedad ecuatoriana se debate entre el agotamiento y la frustración. Agotamiento de un modelo de gobierno autoritario, nepotista y corrupto, que ha privilegiado las políticas regresivas antes que las progresivas. Un gobierno que no solo muestra su profunda ineptitud e insensibilidad al momento de enfrentar la dura crisis económica que nos agobia, sino que en gran medida es causante de dicha crisis, al no haber impulsado la transformación de la matriz productiva. Un gobierno que despierta una creciente frustración por el incumplimiento de tantas promesas de transformación. El ideal de que otro Ecuador sí es posible volvió a enturbiarse con las viejas formas partidocráticas de ejercicio del poder político, que han regresado de la mano de este gobierno.

Pero ni el país se detiene, ni el pueblo deja de soñar. La democracia y la libertad son el camino: esa es la ruta tantas veces emprendida y tantas veces extraviada, pero insustituible. El pueblo jamás optó por el espejismo de una obra pública dispendiosa y faraónica que disimula la restricción de sus derechos y libertades fundamentales; no quiere que el cemento ahogue su voz. El pueblo quiere hablar y decidir.

Los sectores populares ansían una transformación profunda de la sociedad. Y aunque la coyuntura vuelve a acelerar los tiempos electorales, no se puede eludir la responsabilidad estratégica. Así como debemos responder a los desafíos del momento, tenemos que plantear una agenda para la transición. Desmontar el correísmo constituye una necesidad imperiosa para recuperar la democracia y evitar el desmantelamiento de la organización social. Necesitamos las condiciones para hacer las reformas estructurales mínimas no emprendidas por el gobierno de Correa. Para ello se requiere del compromiso de los más amplios sectores sociales y políticos del Ecuador.

Desmontar el correísmo

El ejercicio del poder coactivo y arbitrario durante estos nueve años ha dado lugar a formas de concentración del poder, represión y disciplinamiento de la sociedad pocas veces registradas en nuestra historia. El autoritarismo y la verticalidad en la toma de las decisiones han sido causa y consecuencia de la construcción de un andamiaje institucional del Estado, controlado directa y absolutamente por la función ejecutiva. Es la consecuencia del hiperpresidencialismo. No solo se ha sacrificado la independencia de las funciones estatales, sino que se ha estructurado un aparato de control policial sobre todas las esferas de la vida pública.

Desmontar este aparato de control, persecución y abuso es un imperativo nacional histórico. La democracia sin diversidad, sin discrepancias, sin debate, sin diferencias y sobre todo sin crítica no es una auténtica democracia. No hay democracia donde reina la concentración de poder, donde se pretende instaurar un movimiento político hegemónico, donde se restringe la libertad de expresión, donde se criminaliza la protesta social, donde se institucionaliza la represión a los opositores, donde se congelan las inequidades y desigualdades sociales y económicas. La creatividad, la iniciativa y la potencialidad intelectual de todos los habitantes del país están seriamente amenazadas por esta visión uniforme impuesta por el correísmo.

Conscientes de que hay que dar pasos acelerados sin perder de vista el horizonte estratégico planteado en la Constitución de Montecristi, proponemos que se identifiquen los principales puntos que hay que ajustar a nivel constitucional y legal para transformarlos de manera expedita. La consulta popular es el mecanismo que permitirá aprobar las transitorias acordadas ampliamente para modificar la Constitución, sin poner en riesgo las conquistas constitucionales aprobadas en las urnas en 2008.

Hay urgencias. Como pregonaba El Quijote, en la tardanza está el peligro. Prolongar un modelo de gobierno que restringe las libertades más apreciadas por el pueblo es una forma de corroer la convivencia democrática y empeñar la esperanza. La rehabilitación de las instituciones del Estado, hoy sometidas a las veleidades del caudillo, constituye la tarea inmediata.

No se puede administrar el Estado contrariando uno de los principios más trascendentales consagrados en la Constitución: la plurinacionalidad. Y el universo que contempla este principio civilizatorio establece una perspectiva diferente y particular para nuestro proyecto político. Ahí están incluidos postulados como el respeto a la diversidad cultural, la protección de la Naturaleza, la afirmación de los derechos de los pueblos ancestrales y, sobre todo, la autonomía como sustento de un nuevo paradigma democrático.

Autonomía en su control y en su gestión para las organizaciones sociales, para los territorios indígenas, para las universidades y sobre todo para los diversos gobiernos autónomos descentralizados.

Un país sin una justicia independiente y confiable no tiene futuro. Todo el sistema judicial ecuatoriano ha sido convertido en un apéndice del Poder Ejecutivo, que lo utiliza como mecanismo para zanjar las disputas coyunturales. Ni la Corte Constitucional, ni el Consejo de la Judicatura, ni la Fiscalía General de la Nación, ni la administración de justicia en general dan garantías de probidad e imparcialidad a la población. Estas instancias tendrán que ser reestructuradas en su totalidad a partir de un criterio de independencia.

El autoritarismo jurídico ha sido una constante del correísmo. Se ha impuesto una serie de leyes y decretos inconsultos que restringen derechos de muchos grupos sociales. La Ley de Educación Superior, la Ley de Comunicación, el decreto 016, el Código Integral Penal, el Plan Familia, la Ley de Tierras, las múltiples normas antiobreras (como el decreto 813), configuran un sistema normativo regresivo, represivo e inequitativo armado en beneficio de los intereses de las viejas y nuevas oligarquías. Toda esta normativa debe ser revisada, reformada o derogada en función de garantizar no solo los derechos de los sectores perjudicados, sino de recuperar el sentido democrático de la legislación. Las leyes deben servir para ampliar la democracia, no para reducirla.

La participación ciudadana, que fue una de las principales reivindicaciones de los movimientos sociales durante décadas de lucha, está hoy atrapada en la maraña burocrática y servil del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. La participación condicionada por el poder de turno aniquila la democracia. El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social debe ser eliminado para dar paso a mecanismos transparentes y legítimos de participación.

Es inconcebible que luego de dos siglos de constitución como república el Ecuador no cuente con un organismo electoral confiable y técnicamente eficiente. Algo tan esencial para la democracia como el pronunciamiento en las urnas no puede estar sometido al vaivén de los intereses políticos. El actual Consejo Nacional Electoral deberá ser renovado a partir de un principio de representatividad equilibrado, legítimo y sobre todo imparcial. Igualmente, habrá que dar paso a la reforma del código de la democracia, sobre todo en la parte correspondiente a la organización y participación políticas.

La Asamblea Nacional tendrá que recuperar su condición de espacio prioritario del debate político nacional. Hoy no solo que ha renunciado a su condición de primer poder del Estado, subordinándose por entero al caudillo, sino que ha dado la espalda a la sociedad. La Asamblea Nacional debe ser la expresión formal de la acción política de la sociedad, y no al contrario. Ahí se deben condensar y procesar los conflictos, las discrepancias y los acuerdos que surgen y se proponen desde la base social.

La ampliación irresponsable y aprovechada de la burocracia estatal no se compadece con las capacidades del país, y mucho menos con las urgencias provocadas por la crisis económica. Llegar al gobierno para convertirlo en agencia de empleo para agnados y cognados contradice la norma de una administración pública honesta y eficiente. Hay ejemplos, como la Secretaría del Buen Vivir, que desbordan toda sensatez. Reducir el piponazgo para optimizar el servicio público es parte fundamental de la transición hacia un régimen democrático.

Es indispensable introducir aquellas rectificaciones estructurales que deben tener en su mira la redistribución de la tierra y el agua, la limitación del extractivismo voraz, la reconstrucción de la seguridad social con criterios de universalidad y con una concreta responsabilidad del Estado en su financiamiento.

La alternativa es una tarea pendiente

Nuestro horizonte estratégico es anticapitalista. Tenemos la responsabilidad de edificar, a partir de una acción unitaria vigorosa de todas las fuerzas comprometidas con el cambio, una sociedad en la que nadie sea víctima de la marginación y la explotación, y donde todos los habitantes del Ecuador vivamos con dignidad, con libertad e igualdad y en armonía con la Naturaleza.

La construcción de una alternativa pasa por el reconocimiento de los espacios de lucha y resistencia al capitalismo que se han creado a lo largo de varias décadas. Hay que reconocer y destacar el liderazgo de los movimientos sociales –particularmente indígena, sindical y ecologista– en el proceso de resistencia al correísmo y, anteriormente, al neoliberalismo.

Desde esa perspectiva, la unidad de los sectores populares y democráticos sigue siendo necesaria e impostergable. Al margen de las tergiversaciones y lecturas sesgadas de las derechas correísta y no correísta, la izquierda debe realizar un ejercicio de aprendizaje de los errores del pasado, demostrar en la práctica que está dispuesta a dejar atrás el dogmatismo y la intolerancia que muchas veces la caracterizaron.

La construcción de una sociedad democrática no puede conducir a la instalación de nuevas formas de dominación. No podemos cambiar un caudillo por otro caudillo. La democracia es la tarea insustituible. No una democracia con adjetivos, sino una democracia en su sentido esencial; es decir, otorgarle a la sociedad el poder de decisión, la capacidad de definir autónomamente su proyecto de vida sobre bases de justicia e igualdad.

La sociedad diseñará y aplicará sus propios programas, sin aceptar imposiciones o normas emanadas de “expertos”, de caudillos o de líderes supuestamente iluminados. La alternativa es construir un proyecto de vida desde la contra-hegemonía de los sectores subalternos. A partir de la diversidad propia de la sociedad se irá cimentando la libertad, la equidad y la felicidad para todos y todas.

Entendemos al socialismo como un proceso de democracia sin fin, en el que se conjugan por igual reforma, revolución y rebeldía. La tarea es revertir el dominio capitalista actual y crear un poder desde los intereses comunes, así como repensar el Estado desde la plurinacionalidad.

La autogestión es un insumo fundamental de la democracia, que demanda la intervención permanente de la sociedad organizada en todos los ámbitos. La solución no está en el Estado; este puede contribuir a la construcción de una sociedad no jerarquizada ni autoritaria siempre que esté controlado desde abajo.

Debemos recuperar la política como espacio de la sociedad. Las genuflexiones ante cualquier caudillo esterilizan la vida política, limitan la crítica y debilitan el debate público. Y esa esterilización de la política genera mayor violencia explotadora y excluyente.

El gran reto es la construcción de nuevos modelos de sociedad y Estado, desde abajo y por la izquierda, que no se asienten en el uso y abuso del poder para dominar e imponer. Necesitamos un poder contra-hegemónico que dé cabida y esperanza a todas las aspiraciones del pueblo. La opción radica en el desarrollo de una contracultura de la resistencia no violenta.

Si algo nos ha enseñado la historia reciente de América Latina y el mundo es que no puede darse ningún proceso de cambio e innovación para los pobres y excluidos sin su inclusión y protagonismo. Insistamos, este es el momento de escuchar a la mayor cantidad de personas, particularmente de los sectores populares. Pero también es necesario recoger los aportes críticos de los intelectuales honestos y comprometidos con el país. Una pedagogía desde las bases sociales requiere de ideas renovadas y creativas. Desde ahí se construirá la alternativa.

Entre todos y todas podremos transformar el Ecuador.

Descargar documento completo en PDF: Programa de Gobierno. Montecristi Vive

Intercambio de ideas

One Response to “Desde abajo, por la izquierda, con la Pacha Mama”

  1. Estimados compatriotas del movimiento “MONTECRISTI VIVE”:
    La lectura del “documento-propuesta” “LA DEMOCRACIA Y LA LIBERTAD SON EL CAMINO”, me ha motivado a formular a ustedes, con el debido respeto, la siguiente pregunta:
    ¿Por qué a estas alturas de la historia, de la cultura y de la civilización, insisten en impulsar la “RESTAURACIÓN CONSERVADORA DEL CADUCO SOCIALISMO”?
    Sería un verdadero RETROCESO HISTÓRICO la implantación en nuestro país de un modelo que ha fracasado estrepitosamente a lo largo y ancho del planeta, que ha colapsado irremediablemente y que yace definitivamente bajo los escombros del que un día fue el infame MURO DE BERLÍN.
    Por algo el ex – dictador soviético Mijail Gorbachov, con sobrada razón, sentenció: “El experimento SOCIALISTA fue una tragedia histórica y una lección para todos los pueblos”, y el Papa Francisco ha manifestado: “Nunca compartí la ideología marxista porque es FALSA”.
    No hay que olvidar, además, que el fascismo y el nazismo o nacionalsocialismo fueron variantes socialistas.
    Atentamente,
    Jorge Arellano Sánchez

    Posted by JORGE ARELLANO SÁNCHEZ | 18 marzo, 2016, 7:27 pm

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