19M, la oposición sigue tomando la calle

Decenas de miles marcharon en la capital bajo un pertinaz aguacero. Centenares de ciudadanos comunes e independientes se sumaron a los miles de obreros, campesinos y profesionales que nuevamente llenaron las calles y la Plaza San Francisco. En Guayaquil y más de diez ciudades se dieron fuertes movilizaciones.
Decenas de miles marcharon en la capital bajo un pertinaz aguacero. Centenares de ciudadanos comunes e independientes se sumaron a los miles de obreros, campesinos y profesionales que nuevamente llenaron las calles y la Plaza San Francisco. En Guayaquil y más de diez ciudades se dieron fuertes movilizaciones.

Nota publicada en la revista PLAN V

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La lluvia no tuvo piedad. Poco antes de las 16:00, el aguacero era muy fuerte sobre el centro norte de Quito. El olor de la hierba mojada del parque de El Ejido se mezclaba con el del estiércol que provenía de un camión de la Unidad de Equitación y Remonta de la Policía. Del camión habían bajado diez caballos provistos de armaduras. Parecían de esos que montaban los cruzados, listos para combatir a los infieles para rescatar la Tierra Santa. Pero sus jinetes no eran cruzados. Eran sendos policías que, contra las recomendaciones de seguridad en una tormenta, buscaban guarecerse del aguacero bajo los árboles del parque.

Pasaban junto a ellos, con ponchos de aguas de plástico amarillo, en una hilera como de hormigas caminando por el prado, los indígenas con su andar apresurado, que cruzaban el parque hacia la avenida Diez de Agosto, para sumarse a la marcha del 19 de marzo.

Ellos, los indígenas, expertos en enfrentar los elementos, como cuando en el páramo vencen el frío y el viento, el polvo y el sol, caminan disciplinados hacia su puesto en la marcha. Detrás, estaban los obreros, los sindicalistas, los políticos ex correístas, los emepedistas, los médicos y los estudiantes de medicina, los jóvenes anarquistas, las feministas, los artistas, y otros que han llegado temprano, a pesar de la lluvia, a sumarse a la concentración.

La marea de gente va a contramarea de los torrentes que bajan por la calle. Los zapatos de taco bajo de la mujeres indígenas se cubren de agua hasta los tobillos.

A las 16:00, casi a la hora en punto, la marcha se empieza a mover. Y es que la lluvia apremia. Los vendedores de paraguas y ponchos de agua, con ese olfato que tienen para proveerse de mercadería precisa en el momento adecuado, circulan por todos los grupos, prestos a proteger de la lluvia a cambio de un dólar a los marchantes. Pero, ya se sabe, los paraguas no sirven de mucho en las calles empinadas de Quito. La marcha deja el sector de El Ejido y empieza a trepar la cuesta hacia el Centro Histórico, con la intención de llegar a la calle Guayaquil. La marea de gente va a contramarea de los torrentes que bajan por la calle. Los zapatos de taco bajo de la mujeres indígenas se cubren de agua hasta los tobillos. Los mestizos, también cubiertos de plásticos de a un dólar, tienen zapatos y pantalones empapados.

Y los carteles, habitualmente hechos de cartulina, sucumben ante el aguacero. Algunos terminan de paraguas: la gente se tapa la cabeza con ellos. Otros, títeres de cartón que -muy jocosos no, se diría desde el poder- caricaturizan al Presidente de la República y se operan como marionetas con cordeles caen heridos de muerte por la tormenta. Una mujer, muy previsora, ha emplasticado su cartel que dice que viene a la marcha porque ya está harta de lo que ocurre en el país. El cartel vence a los elementos, pero la mujer tiene el cabello mojado. Eso no la detiene, y sigue caminando por Santa Prisca.

Leer nota completa en: http://www.planv.com.ec/historias/politica/19m-la-oposicion-sigue-tomando-la-calle

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