La movida letal del presidente

Diario Expreso, 9 de mayo de 2011

Análisis

José Hernández

Subdirector

 

Primero el presidente declaró una victoria aplastante sobre la oposición. Luego, personeros de la oposición, como Betty Amores y Gustavo Larrea, recordaron, sumando votos nulos y blancos, que el país se dividió casi por mitad. Enseguida Omar Simon dio a conocer el conteo rápido y mostró que la diferencia real entre los votos por el Sí y los votos por el No era corta. Tanto que de un solo toque desdibujó el triunfalismo del presidente que, a esa hora, cantaba y bailaba en la Shyris… al lado del ministro de las percepciones. La elección del sábado tocará examinarla con resultados oficiales, si nada raro ocurre en el CNE, y mapa extendido. Está a leguas de obtener la amplitud y la homogeneidad que esperaba el Gobierno. El abultado número de provincias donde está ganando el No, pone de manifiesto una vulnerabilidad política del oficialismo, insospechada por el presidente hace un par de meses.
Cita. El secretario de Comunicación, Fernando Alvarado (i), y el ministro Miguel Carvajal (d), después de la reunión con el presidente. Foto: Rolando Enríquez / Expreso

Primero el presidente declaró una victoria aplastante sobre la oposición. Luego, personeros de la oposición, como Betty Amores y Gustavo Larrea, recordaron, sumando votos nulos y blancos, que el país se dividió casi por mitad. Enseguida Omar Simon dio a conocer el conteo rápido y mostró que la diferencia real entre los votos por el Sí y los votos por el No era corta. Tanto que de un solo toque desdibujó el triunfalismo del presidente que, a esa hora, cantaba y bailaba en la Shyris… al lado del ministro de las percepciones. La elección del sábado tocará examinarla con resultados oficiales, si nada raro ocurre en el CNE, y mapa extendido. Está a leguas de obtener la amplitud y la homogeneidad que esperaba el Gobierno. El abultado número de provincias donde está ganando el No, pone de manifiesto una vulnerabilidad política del oficialismo, insospechada por el presidente hace un par de meses.

PAIS ensayó públicamente, desde la semana pasada, argumentos para justificar los resultados de una consulta que no siguió los deseos presidenciales. El jueves pasado, en entrevista en Radio Democracia en Quito, Vinicio Alvarado fijó el referente contra el cual pensaban medirse: la consulta que aprobó la Constitución: 63,9%. Incluso así, no aparecía en el horizonte oficial el cuatro a uno anunciado por el presidente a la salida de la Universidad Central. Prohibido olvidar.

El estratega del Gobierno dio otras pistas del malestar oficial. Por supuesto alabó el lado serio, la coherencia, la valentía de la propuesta presidencial. La opuso a la campaña de la oposición extraviada, se entendió, en hablar del carácter del presidente. Una campaña simplista, alegórica, dijo, que recurrió al chiste e hizo un “nexo perverso emocional”. Sin embargo, el secretario de la Administración no pudo dejar de aceptar que el lema Esta vez no presidente fue una buena interpretación política por parte de la oposición. Su crítica más pareció un reconocimiento evidente de que esta vez el oficialismo perdió la iniciativa estratégica de la campaña. PAIS apostó por la confianza en la figura de un presidente que quiso, a su vez, poner a contribución sus dotes pedagógicas. El régimen creyó que la oposición seguiría ese juego. Pero no: lentamente los voceros del No convergieron en privilegiar el sentido de la consulta. Y, a pesar de su diversidad, insistieron en los mismos puntos: no resuelve problemas, concentra el poder y permite al presidente meter la mano en la justicia. Una respuesta política a una movida que el régimen quiso convertir en acto de fe y curso acelerado de Derecho para los ciudadanos. Se entiende el desasosiego del presidente que el sábado por la noche recordó que la oposición recurrió a un payaso que hacía una propuesta: si no entiende las preguntas, vota No. El presidente al parecer olvidó sus payasos del ascensor.

La crítica de Alvarado al uso del humor se antojó, en ese contexto, una confesión: perdió esa mano. Correa no solo fue serio. La tensión en la campaña corrió por cuenta suya, mientras la oposición fue, con muchos menos recursos y logística, más creativa, serena y evitó ofenderlo. La oposición se rió: él atacó, descalificó, mandó a tomar presos a algunos ciudadanos.

Correa perdió en el discurso (viejo y cansino) y en las imágenes que quedarán de la campaña: la hija en llanto del coronel Carrión, Irma Parra, el ojo morado de César Montúfar… Esas imágenes lo afectaron en el mundo de los indecisos que esta vez creció.

El presidente va adelante en los porcentajes, pero nunca jugó por el resultado que está obteniendo. Por eso la consulta es coyunturalmente costosa y estratégicamente riesgosa. Él no barrió habiendo puesto de por medio su popularidad y uno de los temas más impactantes para la población: la inseguridad. Abrió en su contra frentes sociales. Mostró que es vulnerable políticamente. Dividió por la mitad a la opinión en un momento en el cual la inseguridad requiere de consensos para encararla. Correa compra problemas cuando tiene uno enorme, que nadie le ha sumado, que es real y que él agravó en esta campaña: la enorme lista de promesas y compromisos contraídos en gabinetes itinerantes y siete campañas políticas. En los dos años preelectorales por venir, todo el mundo querrá que le pague esas facturas.

Políticamente, el presidente quería reforzar su posición y su poder metiéndole la mano a la justicia. Un triunfo apretado impone que él descarte el manejo político de ese mandato. Y sobre todo lo debilita estratégicamente: Correa hereda el Poder Judicial en soletas y en su recuperación, tras una campaña hiriente, pocos querrán apoyarle. Además se hizo adalid de la lucha contra la inseguridad y atrajo hacia él todos los pasivos que genera ese problema que, si bien es de todos e involucra soluciones multisectoriales, él convirtió en bandera partidista.

La consulta se revela, entonces, como el peor cálculo estratégico desde que está en el poder. Ahora, hasta el exit poll, hecho por una firma cercana al Gobierno, será considerado por muchos como un intento de fraude. En claro, Correa queda a la defensiva.

La oposición, que él revivió y a la cual ha dado motivos de unión, puede, ahora sí, pensarse como alternativa real en el 2013. Para eso tiene un inmenso trabajo por delante. Porque la oposición no es la que evoca el presidente. Él sigue confundiendo sectores de la sociedad que legítimamente defienden derechos o intereses, o analistas, con partidos políticos o frentes de concertación. Correa no los tenía, pero se encargó de motivarlos y unirlos en esta consulta.

Los resultados del CNE muestran que la hegemonía del correísmo se acabó y no se avizoran los elementos que pudieran devolver la película. De su movimiento político no saldrá alternativa alguna porque el presidente, en su visión unívoca, lo ató umbilicalmente a su destino. Como su brazo operativo. Otro error estratégico de la cúpula de PAIS que, en forma consciente, entregó el futuro de una supuesta tendencia a un líder máximo.

Pues bien: la consulta mostró, por si hacía falta, que el presidente es el único que puede mover a su favor la enorme maquinaria del Estado sin la cual los resultados electorales –hoy se puede asegurar– hubieran sido abiertamente adversos. Él es el único capaz de lograr los apoyos del CNE que ahora ya perturban a los observadores internacionales. Él cuenta con un aparato y la fidelidad ciega de muchos militantes. Y tiene todavía millones de ciudadanos que le hacen confianza. Pero la consulta es –siempre fue– una lápida anunciada. Ahora está en los resultados.

FUENTE: http://www.diario-expreso.com/ediciones/2011/05/09/nacional/actualidad/la-movida-letal-del-presidente/

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