La participación ciudadana en la picota

Juan Cuvi

Frente Montecristi Vive

Desde la perspectiva de una izquierda contemporánea, la participación ciudadana ha sido más complicada de lo que se creía.  El enunciado, fundamental para un ejercicio maduro de la democracia, se topa con una cultura política autoritaria y clientelar que parece haberse convertido en patrimonio latinoamericano. La práctica delegativa promueve el conformismo de los electores y la viveza de los elegidos. Los primeros descargan sus responsabilidades cívicas en un súper ejecutor que les resuelve sus problemas; los segundos asumen una autoridad mesiánica que justifica excesos, abusos, atropellos e inmoralidades.

Analistas de izquierda afines a Evo Morales han señalado que la explosión social en contra del “gasolinazo” es el resultado de un progresivo distanciamiento del gobierno y sus bases sociales. En determinados momentos, las urgencias administrativas inducen a los mandatarios a prescindir de la participación social, porque el ritmo de las masas es demasiado lento para la agenda gubernamental. El demos se vuelve una pesada carga para la marcha oficial. Entonces se deposita en el líder una responsabilidad desmesurada. El problema es que ningún líder, por más honesto, brillante y bien intencionado que sea, puede sustituir a la sociedad.

En una reciente publicación de la Fundación Rosa Luxemburg titulada “Democracia, participación y socialismo”, el sociólogo y ensayista cubano Aurelio Alonso (no disidente, por si acaso) reconoce que el mayor escollo para la participación social en la isla es la fuerte herencia soviética en su modelo político. La iniciativa ciudadana está mediatizada por un partido y un Estado exageradamente burocratizados.  “Es el fantasma de Stalin que sigue prevaleciendo en sus versiones latinas”, señala el analista. Yo añadiría que, en el caso ecuatoriano, a ese fantasma se han sumado los de Mussolini y de García Moreno, en una incoherente y chocante mezcolanza de devotos del más pernicioso autoritarismo.

En efecto, el país no es ajeno a estas incoherencias. La marcha municipal en contra de la revocatoria del mandato aniquila el más elemental sentido de la democracia. Sorprende observar a la cabeza de esa manifestación a algunos personajes que, en su calidad de simples ciudadanos, eran fervientes adalides de la revocatoria y de toda expresión social que impugnara al poder.

También el ataque del gobierno a las veedurías ciudadanas pone en la picota al derecho a la participación social. Descalificar de entrada toda veeduría que desnude al poder, e iniciar acciones penales en contra de sus integrantes, es una clara estrategia para desalentar la intervención de la población en la vida pública. Remplazar mecanismos de participación democráticos por una consulta popular no resuelve la vieja aspiración de educar a una sociedad en exigencias cívicas. La consulta queda reducida a una simple medición de la aceptación presidencial para refrendar un modelo vertical, jerárquico y autoritario.

Hoy el argumento predilecto del gobierno es que la consulta representa el máximo nivel de participación posible. En ningún momento se dice que el pueblo no va a participar, por ejemplo, en la construcción de una nueva administración de justicia, sino simplemente en la selección de un mecanismo para ello. Los tres “iluminados” que tendrán dicha misión refrendan una práctica vertical más cercana a la vieja lógica oligárquica que a una concepción moderna de democracia, basada en instituciones legitimadas por el reconocimiento y la aceptación ciudadanos.

Contrariamente al discurso oficial, en la práctica se le está suprimiendo a la gente ese derecho, tanto porque se le quitan atribuciones al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social como porque tampoco se está llamando al pueblo a designar a sus jueces. Sin coincidir con aquellos sectores que proponen una elección popular y directa de magistrados, se puede abogar por diferentes formas de participación que garanticen la intervención de la población en un proceso tan trascendental.

 

Marzo 31, 2011

 

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