‘No somos cuatro pelagatos’

Diario Expreso, 23-03-2012

No hay nada casual en el orden de la marcha. A la cabeza van ocho mujeres de Saraguro con sus sombreros moteados, llevando palo santo encendido y ramos de “buenas energías”: romero, penas, margaritas, sangorache. Las protege una guardia de guerreros arutam. Atrás, las banderas: primero la del Ecuador, de diez metros de largo; la de Zamora Chinchipe, blanca, verde y amarilla. Los tocadores de cuernos, churos y bombos, imparables con su llamado, que es un mantra. Luego, la bandera de la Conaie; tras ella, la del Frente Popular y la de Cedocut, el sindicato del socialismo anticorreísta. Y sólo entonces, tras un grupo de guerreros shuaras armados con lanzas, descalzos, la dirigencia.

A las nueve de la mañana, cuando abandonaron la escuela de Guamaní en donde pasaron la noche y desayunaron, buscaron esas posiciones cuidadosamente. Minutos antes habían partido cuatro chasquis (mensajeros) con la consigna de entregar en Carondelet su pliego de 19 peticiones.

Algunos líderes ofrecieron declaraciones a la prensa en un aula de la escuela. “No podemos vivir con insultos”, dijo Delfín Quishpe, presidente de la Ecuarunari. “No vamos a dialogar con la ministra Tola”, dijo Paúl Velásquez, presidente del Frente Popular. “El mes que viene entregaremos nuestra propuesta para Código de Trabajo”, dijo Mesías Tatamuez, presidente del FUT.

A las nueve y media en punto empezaron su recorrido por la avenida Maldonado. Desde el extremo sur de esta ciudad larga y angosta, unos veinte kilómetros los separaban de su destino final, el parque de El Arbolito, a esa hora todavía ocupado por los correístas. El centro de la hilera de dirigentes, enlazados de brazos, lo ocupaba Humberto Cholango, entre Tenesaca y Tatamuez. Estaban también Pepe Acacho y los líderes del Frente Popular. Más adelante se sumará Salvador Quishpe, el que dio la voz de partida a esta marcha catorce días atrás, en El Pangui, Zamora Chinchipe, donde no eran más de 200 personas.

Desde entonces se han sumado multitudes. Más de tres mil empiezan a marchar por la Maldonado y en el camino se siguen juntando. Un centenar de campesinos de la Costa que vienen en sentido contrario se unen a la altura del Beaterio. Se autodefinen como “los pueblos del manglar” y portan carteles contra las camaroneras. Hasta un grupito de jóvenes ácratas con sus banderas negras buscan su lugar entre los ponchos.

Generosos, los quiteños salen a las veredas y balcones para darles la bienvenida. Los pasos peatonales elevados se llenan de curiosos. Pocos espectadores se manifiestan en contra. Más adelante, frente a diario El Comercio, un grupo de correístas provoca con gritos y consignas. Un cinturón policial los mantiene a distancia y los marchantes, salvo alguno que devuelve los insultos, pasan impertérritos ante ellos. A diez kilómetros de su punto de partida, los que salieron de Guamaní se encuentran con otra concentración inmensa, casi tan grande como ellos: una sola masa de gente que, antes de unirse con los que vienen, se despliega entre el centro comercial El Recreo y el redondel de la Villaflora: un kilómetro y medio de distancia. El encuentro es una fiesta.

La marcha pasó por El Trébol a las 13:27 y tomó la calle Ríos. Los gritos eran parte esencial: “No somos cuatro pelagatos, presidente economista aprende a contar”… “Ese Gobierno de PAIS, caricatura de revolución”. Gorras, pañuelos, sombreros, sacos cubrían sus cabezas. En la mitad, un grupo llevaba una bandera del Ecuador. Los pobladores de la calle Ríos aplaudían y alentaban a los marchantes.

La marcha, encabezada por Lourdes Tibán y cinco mujeres saraguros, siguió su recorrido por la calle Don Bosco y tomó la Pedro Fermín Cevallos hasta desembocar en el Coliseo Deportivo de Pichincha. Los costados de la calle estaban bloqueados por cadenas de policías y miembros de las Fuerzas Terrestres.

Cuando pasaron junto a la Asamblea y la vieron rodeada de policías especiales, los marchantes empezaron a gritar “No se acuerdan del 30S”. Pero los gritos fueron reemplazados nuevamente por la música. Cerca de las 15:00 era el festejo de la llegada al parque El Arbolito. Entonces cantaron con guitarra, tambores y rondadores: “A mí no me diste todo el oro que a los chinos diste, pero me engañaste, pero me mentiste, con la derecha amaneciste”.

Allí les esperaba la marcha que salió desde Calderón, al norte de Quito. Y la que salió desde la Plaza Indoamérica.

La primera estaba compuesta por unas dos mil personas, la mayoría miembros del pueblo Kayambi. Ellos también usaron una gran wipala, de unos 10 metros de largo, y bailaron durante el trayecto. La segunda era mucho menor, alrededor de cien personas de Polo Democrático, Poder Más, los Kabrea2 y otros colectivos civiles, que avanzaban con banda de pueblo. Las dos marchas se juntaron en la av. 10 de Agosto. Cuando llegaron a la av. Eloy Alfaro, la policía desplegó una barricada. La marcha se vio obligada a detenerse.

Los dirigentes reclamaron que les dejaran pasar. La policía avanzó pero su labor era retrasarlos hasta que los simpatizantes del Gobierno desalojaran El Arbolito.

Roberto Aguilar, Adriana Noboa, Sofía Tinajero – Quito

FUENTE: http://expreso.ec/expreso/plantillas/nota.aspx?idart=3091048&idcat=19308&tipo=2

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