Sería una vergüenza cambiar la espada de Alfaro por cargos

Diario Expreso, 28-01-2012

 Entrevista a Juan Cuvi, Exmiembro de AVC

Juan Cuvi fue uno de los líderes históricos de Alfaro Vive Carajo (AVC) y, quizá, uno de los más políticos, especialmente después del proceso de paz y entrega de armas en el cual participó con gran convicción. Ayer, por un diario gubernamental supo que “los ex-AVC” entregarían la espada de Eloy Alfaro (robada simbólicamente por ellos en 1983) a Rafael Correa en Montecristi.

¿Cómo interpreta la entrega de las espadas de Alfaro y Montero a Rafael Correa por parte un grupo de exmilitantes de AVC?

De ser cierto, creo que sería una vergüenza que se intercambien símbolos con tanto peso histórico y tanta carga humana por puestos burocráticos. Además, es una decisión inconsulta porque esas espadas eran custodiadas por una organización que debía, en colectivo, tomar una decisión sobre su destino, como siempre se acordó. Tercero, la decisión que tomamos hace décadas era que esas espadas solo podían aparecer el momento en que existiera una transformación profunda de esta sociedad, cosa que no está ocurriendo. Creo que los compañeros caídos por la lucha de AVC deben estar revolviéndose en sus tumbas, me da mucha pena pensar en eso.

¿Para el presidente es una victoria simbólica?

Pareciera que se olvidaron los compañeros que las espadas pertenecen al pueblo. No es legítimo devolverlas a ningún gobierno. Simbólicamente eso tenía que ser devuelto al pueblo. Me siento engañado, en el sentido de que se haya tomado una decisión tan poco inteligente y tan carente de sustento político. Porque lo que va a parecer es que hubo una negociación detrás de la Secretaría de Pueblos a cambio de la espada. Y sería terrible que un símbolo con ese peso pueda ser manejado con tanta ligereza.

¿Esto se entiende como parte del pacto de AVC y el Gobierno?

AVC no pactó con el Gobierno. Fue una decisión personal de un grupo de excompañeros. Porque AVC se disolvió hace años. Tampoco yo podría salir a hablar a nombre de un grupo que incluye a gente con distintas posiciones. Pero las espadas sí eran un símbolo que nos daban identidad colectiva. Había un vínculo afectivo, ideológico con las espadas.

En definitiva, ¿quiénes son los que devolverán las espadas?

No lo sabemos. Lo cierto es que hay un malestar tanto entre los que nunca estuvimos de acuerdo con pactar con el Gobierno, como entre aquellos que sí asistieron al célebre almuerzo con el presidente, ocupan cargos públicos y tienen un chuchaqui terrible con esta noticia. Porque más allá de que algunos compañeros puedan tener coincidencias con el gobierno de Correa, el tema de las espadas trasciende esa posible coincidencia.

Se supo que estaban perdidas. ¿De dónde aparecieron ahora?

Esa es una pregunta clave. Las espadas estuvieron extraviadas desde hace muchos años. Si estas son las verdaderas habría que verificarlo. ¿Alguien las encontró o alguien decidió sacarlas a la luz? Me parece fundamental saber de dónde salieron las espadas. Tienen que explicarlo.

En caso de ser las verdaderas, pertenecen al Museo Municipal de Guayaquil, de donde fueron sustraídas.

Me da pena que este hecho pueda darle viada a alguien como Jaime Nebot para aparecer demandando jurídicamente por la posesión de esas espadas. Entiendo que todavía hay un faltante en el inventario del Municipio de Guayaquil. Como ese hecho fue denunciado, probablemente haya una acción jurídica.

Más allá de lo simbólico, ¿qué diferencia a Alfaro de Correa?

Dos elementos centrales. Uno, ser siempre un insurrecto, un hombre que recurrió a la lucha armada como un elemento central dentro de su proyecto político. Y dos, la fe en la democracia como proyecto para el país. Alfaro fue un tipo que siempre sostuvo, desde su doctrina liberal, la importancia y el valor de la democracia y el respeto a las libertades. Ese es un debate viejo con la izquierda. Por eso AVC tomó la decisión de construirse al margen de la vieja izquierda cabezona, estalinista y con ciertos rasgos de los años treinta, que nunca creyó en la democracia.

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